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LA PALABRA, CONTIGO

Salmos 39

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Reina Valera 1960 2 min de lectura

Al Músico principal; a Jedutún. Salmo de David. Yo dije: Atenderé a mis caminos, Para no pecar con mi lengua; Guardaré mi boca con freno, En tanto que el impío esté delante de mí.

Enmudecí con silencio, me callé aun respecto de lo bueno; Y se agravó mi dolor.

Se enardeció mi corazón dentro de mí; En mi meditación se encendió fuego, Y así proferí con mi lengua:

Hazme saber, Jehová, mi fin, Y cuánta sea la medida de mis días; Sepa yo cuán frágil soy.

He aquí, diste a mis días término corto, Y mi edad es como nada delante de ti; Ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive. Selah

Ciertamente como una sombra es el hombre; Ciertamente en vano se afana; Amontona riquezas, y no sabe quién las recogerá.

Y ahora, Señor, ¿qué esperaré? Mi esperanza está en ti.

Líbrame de todas mis transgresiones; No me pongas por escarnio del insensato.

Enmudecí, no abrí mi boca, Porque tú lo hiciste.

Quita de sobre mí tu plaga; Estoy consumido bajo los golpes de tu mano.

Con castigos por el pecado corriges al hombre, Y deshaces como polilla lo más estimado de él; Ciertamente vanidad es todo hombre. Selah

Oye mi oración, oh Jehová, y escucha mi clamor. No calles ante mis lágrimas; Porque forastero soy para ti, Y advenedizo, como todos mis padres.

Déjame, y tomaré fuerzas, Antes que vaya y perezca.

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